20 enero 2007

Artículo escrito por Doña Loyola de Palacio


http://www.eumedia.es/user/articulo.php?id=261

En Portada. Núm 344, 15 de diciembre de 2006

"Tres apasionantes años al servicio del campo español"

A continuación reproducimos el artículo que Loyola de Palacio remitió en diciembre de 2004 a Vida Rural en el especial que realizamos para celebrar el 200 número de nuestra revista. En este texto, Loyola de Palacio repasa los tres años (1996-1999) en los que estuvo al frente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

LOYOLA DE PALACIO Y DELVALLE LECHURDI

Cuando José María Aznar, a comienzos del mes de mayo de 1996, me encargó el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, pensé que se me presentaban unos retos difíciles de conseguir, pero a la vez apasionantes:

• Defender a "capa y espada" a nuestro sector agrario en el seno de la Unión Europea e intentar la renegociación de las condiciones de entrada al Mercado Común.

• Traer al sector agrario al centro del debate político y social, salvándole del olvido y el silencio en el que languidecía y así conseguir una solidaridad del conjunto de la sociedad española con el sector.

• Impulsar la modernización del sector y la articulación entre producción, industria de transformación y comercialización.

En los tres años que tuve el honor de estar al frente de este Departamento, de mayo de 1996 a mayo de 1999, creo que conseguí superar en gran medida estos retos y alcanzar los objetivos que junto con mis colaboradores habíamos marcado.

En relación con los fondos destinados por la Unión Europea al sector agrario español, tengo que señalar que en el año 1999, el conjunto de los agricultores y ganaderos españoles recibieron alrededor de 6.600 millones de euros (cerca de 1,1 billones de ptas.) del FEOGA Garantía y del FEOGA Orientación, frente a 4.600 millones de euros (760.000 millones de ptas.) percibidos en 1996, lo que supone un incremento de cerca del 45 % en únicamente esos tres años. Además de ello, y como consecuencia de la negociación del paquete agrario de la Agenda 2000, se obtuvieron de la UE, en los siguientes años, otros 600 millones de euros anuales (100.000 millones de ptas.).

Estos importantes incrementos en las ayudas comunitarias percibidas por los agricultores y ganaderos se lograron gracias al duro e intenso trabajo realizado en cada una de las negociaciones tenidas como consecuencia de las reformas de las distintas OCM y de la Agenda 2000, lo que permitió un reequilibrio de la situación del campo español terminando con años de injusticia.

No fue fácil, hubo que negociar a varias bandas, establecer alianzas, contemplar la diversidad europea en su conjunto y obtener al final ventajas netas para España y a la vez para otros países.

Así por ejemplo, nada más llegar, en las negociaciones de la reforma de la OCM de frutas y hortalizas logramos paralizar la propuesta de la Comisión Europea, perjudicial para nuestros intereses, gracias a la minoría de bloqueo lograda con Portugal, Francia y Alemania, aprobándose otra propuesta mucho mas favorable para España y en donde se consiguieron importantes incrementos de los Fondos Europeos destinados a Programas Operativos en este sector y consiguiendo también incrementar el nivel de ayudas para nuestro plátano de Canarias.

En paralelo, conseguimos también sacar adelante el llamado Reglamento "fresas" (en razón a los ataques de agricultores franceses a los camiones españoles que desde Lepe y otras zonas transportaban este producto) que obliga a los países miembros a tomar las medidas pertinentes para garantizar la libre circulación de bienes dentro del Mercado Interior bajo pena de multas en su caso. Los resultados de esta regulación se han revelado enormemente positivos a lo largo de estos años donde los incidentes se han convertido en excepcionales. Recuerdo que me estrené en mi primer Consejo de Agricultura dándole una caja de deliciosas fresas a mi colega francés.

Significativos fueron los éxitos logrados en la reforma de la OCM del sector del aceite de oliva, básica para la totalidad de las provincias andaluzas y de amplias comarcas de Extremadura, Castilla-La Mancha, Aragón, Cataluña, Valencia y otras CC.AA. y que además consiguió la solidaridad de la práctica totalidad de nuestros compatriotas que siguieron día a día la que podemos denominar "batalla del aceite" a lo largo de casi dos años de trabajo. Conseguimos, caso único, que la Comisión retirara su propuesta que era muy negativa para España y que apenas consideraba 700 millones de euros para nuestro país. Para lograrlo trajimos a la casi totalidad de los Ministros de Agricultura comunitarios, así como al propio comisario Franz Fischler y a los embajadores de esos países, visitando las distintas provincias de Andalucía, para que comprobaran sobre el terreno la realidad del monocultivo del olivar en tantas y tantas comarcas de nuestra geografía. La movilización unánime de todo el sector agrario español, por no decir de la sociedad en su conjunto en defensa de nuestro olivar, fue clave.

Gracias a todo ello, se logró incrementar la Cantidad Nacional Ga r a n t i z a d a , l l e g a n d o a l a s 760.000 toneladas y unas ayudas anuales garantizadas de 1.030 millones de euros (170.000 millones de ptas.). Asimismo se consiguió que a partir de 1999 se apoye a la aceituna de mesa española.

En otros sectores podríamos señalar el del vino, donde pasamos del drama de 200.000 hectáreas arrancadas en la época socialista a una apuesta por la reestructuración y reconversión del viñedo por la calidad, la comercialización y la competitividad. Así obtuvimos 17.355 hectáreas de nuevos derechos de plantaciones y fondos europeos por un importe de 130 millones de euros (21.600 millones de ptas.) que afectan a unas 40.000 hectáreas anuales, en el periodo 2000-2006.

En herbáceos se corrigieron al alza el rendimiento medio de dichos cultivos, desde 2,64 t/ha a 2,90 t/ha, lo que supuso un incremento de 2.346.000 t, que implicaron unos ingresos adicionales para nuestros agricultores de 180 millones de euros anuales (30.000 millones de ptas.).

En vacuno se ampliaron las cabezas con derecho a primas de 603.674 a 713.999 y las ayudas totales para este sector se incrementaron desde los 420 millones de euros a 745 millones de euros anuales.

A su vez en el sector lácteo se consiguió una antigua y persistente petición de todos los ganaderos como fue incrementar la cuota láctea asignada a España en 550.000 t anuales.

Por no hablar del sector de la avellana y los frutos secos, de los espárragos, del algodón, el tabaco o la peste porcina, en los que se resolvieron varias crisis y afianzaron apoyos; o el impulso a nuestra industria agroalimentaria, el respaldo a su modernización y su proyección exterior.

También hay que señalar que en ese periodo de tres años se incrementaron los capitales asegurados en las distintas líneas de seguros agrarios en el 57%, al tiempo que las subvenciones a dichos seguros se aumentaron el 51%, alcanzando en 1999 los 140 millones de euros, al tiempo que se suscribieron en dicho año más de 330.000 pólizas de seguros.

Recordar que en ese tiempo se elaboró el Plan Nacional de Regadíos, contemplándose que durante su ejecución (hasta el año 2008) se transformarán en regadío mas de 217.000 ha de secano, al tiempo que se modernizarán 1.100.000 ha de regadíos ya existentes con una inversión de unos 5.000 millones de euros.

Quiero terminar afirmando una vez más que aquellos 3 años intensos de mi vida me han marcado de una forma indeleble y que hoy cuando circulo por los campos no puedo por menos que observar como viene la siembra, si la lluvia es oportuna, si la helada puede causar daños o el sol madura la cosecha. Todavía tengo presentes las caras, y muchas veces los nombres incluso, de agricultores, ganaderos, cooperativistas, pequeños industriales, de hombres y mujeres que me daban la fuerza necesaria para negociar, luchar y seguir adelante incluso cuando todo parecía imposible. Como vicepresidente responsable de Energía los he tenido en cuenta a la hora de hablar de energías renovables e impulsar la biomasa y los biocarburantes de común acuerdo con F. Fischler, a quien a lo largo de estos años he apoyado en las difíciles discusiones de la Comisión, siempre que se trataba de la defensa de la agricultura europea.

Creo que en cualquier caso conseguí algo esencial para el sector y es transmitir la relación necesaria entre el campo y la ciudad, la solidaridad vital que debe existir hacia nuestro sector agrario, que no es un sector como otro cualquiera, que es un negocio a la intemperie que depende de un imponderable como el clima pero que garantiza no sólo nuestra alimentación en productos sanos y de calidad sino también la estabilidad y la cohesión territorial; la conservación de costumbres, tradiciones y patrimonio; la lucha contra la desertización y la desertificación; el cuidado de nuestro paisaje y nuestra tierra de España.