16 diciembre 2006

Mi amiga Yolis

Mi amiga Yolis

POR RODRIGO RATO

La última vez que vi a mi amiga Loyola, hace pocas semanas en la casa de su hermana Ana en Washington, la encontré recuperada de sus meses de tratamiento en Houston. Hacía un mes escaso que había estado por mi casa, con Reyes Montseny, mucho más débil, pero sin dejar de ser la Loyola de siempre.

La cena en casa de Ana fue como tantas, tantas otras a lo largo de veintitantos años, desde nuestra época de cachorros de Fraga en los primeros 80.

Me despedí de las dos hermanas, las «hermanas sisters», como siempre las llamábamos, contento de ver a mi amiga venciendo al viejo y terrible conocido de su familia, como Ana lo había hecho hace unos años. Pero el cáncer se la ha llevado.

Cuando recibí la noticia desde Madrid, me sorprendí a mi mismo no llorando. Tenía la sensación de tenerla a mi lado y decirle como tantos cientos de veces: «Hola Yolis».

Una vez más, la muerte se lleva a los mejores. Mi amiga era una gran persona fuerte, cariñosa, inteligente, buena y leal. Muchos sólo conseguimos ser una cosa, como mucho. Loyola era muchas y buenas.

Loyola era una de las mujeres de mi generación que han transformado el papel de la mujer en nuestra sociedad, siendo capaces de tener las mayores responsabilidades y sacándolas adelante mejor que bien.

Loyola se ha marchado joven pero ya había vivido plenamente. Una vida completa que vivía con intensidad: su familia, sus amigos, sus ideas, sus ambiciones.

La vi luchar y triunfar en España, la vi triunfar en la Comisión Europea. Me sentí muy orgulloso de ella.

Se ha marchado sabiendo cuánta gente la quería. En estos meses de enfermedad, sus amigos la cuidamos y le hicimos sentir lo importante que era para nosotros.

Hemos perdido a alguien que iba cada vez a mejor. Loyola estaba en su mejor momento, personal y profesional. Pero deja ya un ejemplo de que ser persona vale la pena, no hace falta perder la identidad para triunfar.

Ella siempre fue fiel a sí misma y así era fiel a los demás.

Yo viví mucho y muchas cosas con ella. Aún me debe el cuadro de mis hijos que me prometió ahora que, además, era pintora. Ya me lo dará.

Yolis, te voy a echar mucho de menos.