12 febrero 2008

Loyola de Palacio un nombre propio, por Ignacio Villa


Artículo publicado en Libertad Digital -enlace-

La forma de hacer política que el PP necesita -2004-

Ignacio Villa

La posibilidad de que Loyola de Palacio aterrice en la política nacional es una buena noticia para el Partido Popular. Las formas y las maneras de hacer política de la actual vicepresidenta de la Comisión Europea se recuerdan en los despachos populares como un referente que no se debería haber perdido y que en muchas ocasiones de la segunda legislatura se ha desvirtuado.

Loyola de Palacio es una de las pocas personas que hay en el PP que, sin miedo a perder cargos y trayectoria, se atreve a hablar con claridad al presidente Aznar. En la reciente crisis del Prestige ha vuelto a comprobarse que Loyola de Palacio sabe "cantar las cuarenta" cuando hay que hacerlo, con buenas maneras, pero sin omitir una coma sobre lo que puede pensar en un tema concreto.

Loyola de Palacio, podría volver al País Vasco. Su candidatura en unas posibles elecciones autonómicas vascas, que se podrían adelantar siempre y cuando el nacionalismo obtenga unos buenos resultados en las municipales, es en todo caso un seguro de vida para el PP. Es vasca y ejerce de tal, aunque su carrera política la haya desempeñado desde muchos y variados lugares. La candidatura de Loyola de Palacio, que es bien vista por distintos dirigentes del PP vasco, sería un valor seguro para los populares y especialmente reforzaría una línea de acción y de actuación iniciada por Jaime Mayor Oreja en el País Vasco. Con Loyola, en todo caso, no habría ruptura en la política del PP vasco. Con Loyola habría continuidad.

Pero, ciertamente, vaya donde vaya y vuelva al lugar que vuelva, las formas de Loyola de Palacio no deberían perderse en el PP. En un momento en el que el "peloteo" al presidente del Gobierno es cotidiano, en el que la política informativa del Ejecutivo vive inmersa en la descoordinación, en el que más de uno ha comenzado la carrera de "sálvese quién pueda" ante la sucesión, que Loyola de Palacio vuelva a la política nacional será un respiro para más de un militante que recuerda con nostalgia el vigor y las ideas claras del PP en la primera legislatura. Con Loyola en Madrid, trabajando en el Gobierno, se habría evitado más de un error político.

La posible vuelta de Loyola a la política nacional es pues una buena noticia para los que entienden la política como una cuestión de principios, de coherencia y de constancia. Si su destino final es el País Vasco, muy bien; pero sí su destino es Madrid, también muy bien. El PP necesita gente que diga lo que piensa sin miedos y sin complejos, y ese modelo tiene en Loyola de Palacio un nombre propio.