11 octubre 2007

Archivo: Un homenaje que ella disfrutó en junio de 2006


26 de junio del 2006

Loyola echa raíces en Badoucos

La ex ministra de Pesca inauguró la plaza que lleva su nombre
La ex comisaria europea de Transportes volvió a entrar en el taller de los Hermanos Ocampo, un lugar mágico que le dejó huella en su visita de abril de 1999.

Así seis años después del acuerdo adoptado por la Entidad Local Menor de Arcos da Condesa para poner el nombre de Loyola de Palacio a la plaza pública de Badoucos, la ex ministra de Pesca descubrió ayer la placa en un acto muy emotivo para ella.

Familiares, amigos, vecinos de la aldea, el alcalde de Caldas, el socialista José María Tobío, y cargos del PP gallego acompañaron a la ex comisaria europea de Transportes y Energía en su visita matinal. Loyola de Palacio llegó a la casa consistorial en un audi A6. En este edificio, y tras los saludos de rigor, descubrió una primera placa y recorrió las instalaciones. Unas gaitas pusieron el toque musical.

La comitiva, formada también por miembros del proyecto gallego de dotación de campanas para la catedral de la Almudena, se desplazó después a pie hasta la plaza de Badoucos. A escasos metros se encuentra el taller de los Hermanos Ocampo, que desde 1630 funde campanas de forma artesanal.

El 24 de abril de 1999 Loyola de Palacio asistió en este obrador a la fundición de una de las cuatro campanas y amadrinó la más pequeña, la de Nuestra Señora de la Flor de Lys. Fue uno de sus últimos actos como ministra de Pesca en tiempos difíciles. El presidente de la entidad local, Francisco Rivas, le agradeció ayer su sencillez y tenacidad, además de su carácter afable y abierto. «Aquí en Arcos, tienes tu casa», le dijo.

La homenajeada comentó a los asistentes sus dudas sobre los méritos para dar nombre a una plaza -«esto se suele hacer cuando pasas a mejor vida», apuntó- y remachó que las campanas son «símbolo de todos nosotros, de Europa y de la cristiandad». Ante la atenta mirada de Núñez Feijoo y de Romay Beccaría, también tuvo palabras de cariño para Enrique López, el campanero de Badoucos, un ejemplo de «acumulación de saber». Desde ayer Loyola de Palacio tiene un motivo más para «enraizarme más aquí, en esta tierra, para fundirme en esta especie de rosa de los vientos del noroeste que es Galicia». El himno gallego cerró el acto.


Después hubo una comida en un pazo de Villagarcía en la que participaron más de doscientas personas, Loyola supo tener un momento para hablar con todos los asistentes y agrader su asistencia. Estaba feliz aunque ya le acompañaba la tos. Fue un día de esos que recordamos todos los que la queremos. Probablemente su último acto público, un sencillo homenaje de las gentes de Galicia que la quieren siendo ella, simplemente ella.

La plaza Loyola de Palacio siempre tiene flores y un sentimiento especial.

Esas campanas.... una de ellas, de la que Loyola era madrina, repicó el día de su funeral el 20 de diciembre en Madrid.