18 septiembre 2007

Loyola de nuevo en Internet


Hay personas que parece que nunca van a irse, que forman parte del paisanaje nacional que sale en los medios de comunicación y a las que te acostumbras a tener en el telediario durante la cena. Una de esas personas era Doña Loyola de Palacio. No pasaba desapercibida ni en el Gobierno Aznar ni en la Comisión Europea. Muchos recordamos frases memorables suyas que dieron que hablar en su momento.
Ayer nos sorprendía la noticia de su fallecimiento. Pensábamos que la enfermedad no iba a poder con la valentía de la señora de Palacio. Saltaba a los medios la noticia y empezaban a llegar las alabanzas desde dentro de su Partido y desde los restantes Partidos del arco parlamentario. La muerte nos hace buenos para todo el mundo. Cuando una persona se muere surge rápidamente la hipocresía cristiana recordando lo bueno del difunto.
Yo de doña Loyola destacaría sobre todo la sencillez. Pertenecía a esa clase de políticos, al margen del partido en el que militen, que te inspiran respeto. Nada de perder la cabeza en la moda ni en los lujos. Simplemente se dedican a su trabajo con mayor o menor acierto pero huyen de las frivolidades mundanas que siempre están de más y llevan a que algunos "no llegan a fin de mes" ni con grandes sueldos.

Extraído de "las crónicas de doña Jiemena" -blog

17 septiembre 2007

Archivo Loyola habla sobre el tren


Entrevista a Loyola de Palacio - Revista Vía Libre Nº 434-leer más-

Loyola de Palacio: El ferrocarril puede tener un papel central en la resolución de los problemas que tenemos en la Unión Europea de contaminación atmosférica ...


16 septiembre 2007

Hoy sería su cumpleaños


Hoy, 16 de septiembre, Loyola estaría de cumpleaños. Todos los que hemos tenido el honor de conocerla, apreciarla y admirarla recordamos esta fecha. Hoy es un día para recordarla especialmente, tal vez un día un poco más triste pero con profunda fe sabemos que desde donde está, está con nosotros.

Hoy en ABC, recuerdan el congreso del PP

En la Junta Directiva Nacional del PP que en septiembre de 2003 eligió a Rajoy candidato, nadie puso una pega a la propuesta de Aznar. «Representa un proyecto de centro reformista» y «es una persona en la que se puede confiar, es sensato y cabal», fueron las frases con que el entonces presidente del Gobierno defendió su decisión. Había allí muchos partidarios de Rodrigo Rato, algunos de Jaime Mayor Oreja y el equipo «monclovita» de Aznar estaba con Rajoy. Todos se mostraban dispuestos a apoyar a quien dijera el jefe, que tenía fama de acertar casi siempre.
Los descartados resultaron ser los más elegantes. «Es mi amigo, mi candidato», dijo Rato. «Tiene las cualidades de Aznar y la facultad de no ganarse enemigos», sentenció Mayor. Se adornaron Federico Trillo («Sintetiza la cualidades de Rato y Mayor») y también Luis de Grandes: «Es el más idóneo entre los mejores». Sólo Loyola de Palacio se atrevió a insinuar que su preferido era otro -el vicepresidente económico, Rodrigo Rato- para añadir que, de cualquier forma, apoyaba al elegido.

leer más -fuente ABC

14 septiembre 2007

Escrito por un amigo desde Murcia: Adiós, Loyola, agur


Adiós, Loyola, agur

Dicen que ha sido la única batalla que ella, Loyola de Palacio, no ha conseguido vencer: la del maldito cangrejo que prendió en sus entrañas y la ha muerto en cuatro meses mal contados. Me llegó su correo el 29 de agosto, con un mensaje escueto, categórico, firme pero cariñoso: "Tengo cáncer. Me voy a Houston. Besos".

Desde entonces, su "guardia pretoriana", los que trabajaron con ella en el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación o en la Comisión Europea, ha vivido pendiente del móvil, pasándose SMS con las últimas novedades: "Loyola en Washington, comiendo lentejas", "Loyola sigue mejorando"; fiados todos a la fuerza, la combatividad, las ganas de vivir, la tozudez también, por qué no, de "la jefa".

Así parecía ir todo. Me permito incluir aquí la última foto que me llegó de Loyola, tomada precisamente en Washington. Una Loyola vital, sonriente, aparentemente saludable. Era la Loyola que esperaba el Partido Popular en su Convención de esta semana; en la que, sin embargo, no habían tenido la delicadeza de incluirla como ponente en los primeros programas.

Y es que, posiblemente, fuera la del Partido Popular, la de sus propios compañeros, la otra batalla que Loyola perdió, además de la del cáncer. Entregada al partido desde sus tiempos de seguidora de Manuel Fraga, toda su trayectoria ha estado jalonada de obediencia y lealtad a las siglas y a sus máximos representantes. Loyola no fue conspiradora, buscavidas, alevosa ni doble. Podría o no gustar su franqueza sarracena, su sinceridad furiosa, pero nadie podrá decir jamás que tramó algo a espaldas de nadie; menos aún en su provecho y beneficio.

Pero su popularidad como ministra de Agricultura ("vamos a poner este Ministerio de moda", me dijo; ¡¡y vaya si lo puso!!), sus mujercitas rurales coreando "Presidenta, presidenta" en Salamanca, delante del mismísimo Aznar, hizo que se la distanciara de la política que a ella le gustaba, la de paterase pueblos hasta el último rincón de España y estar en la tensión de la cotidianeidad, de la cercanía, el aquí y el ahora.

Creo que Europa fue, para Loyola, un exilio dorado al que, sin embargo, se entregó con la fuerza, las ganas, la ilusión y el interés que le ponía a todo. Y ahí queda su gestión como Comisaria, que ha merecido la valoración y el aplauso de toda la Unión Europea cuando ambas cosas sirven, que es cuando uno está vivo.

Loyola hubiera querido más proximidad con los problemas más cercanos a la gente. Lo eran ya los de la agricultura, la ganadería, la pesca y el desarrollo de los hombres y mujeres de nuestros campos, eso que se llama ahora el medio rural, donde dió y ganó batallas como las del aceite de oliva, o la peste porcina, o las ayudas europeas de la Agenda 2000 . Pero, puesta a elegir, Loyola se quedó siempre, creo yo, ayuna del plato que hubiera preferido: encabezar la lista del PP en unas elecciones autonómicas del País Vasco.

A lo mejor hubiera sido ella mejor opción en el momento en que, de acuerdo con el PSE más razonable de Nicolás Redondo Terreros, había posibilidad cierta y real de que una opción constitucionalista -tanto como vasca- ganara en Euzkadi. Pero Aznar puso a Mayor Oreja. Se equivocó. La tremenda popularidad a nivel nacional del bravo ministro de Interior, no se correspondía con la percepción en las Vascongadas. Allí no se podía presentar al sheriff como alcalde. Mayor Oreja generó rechazo en unos votantes vascos que, posiblemente y sobre todo en las zonas rurales y arrantzales, hubieran sido favorables a Loyola.
Es posible que la historia hubiera cambiado. Nunca lo sabremos. Me queda sólo la certeza de que la echaremos muchísimo de menos.

Iñigo de Garés


13 septiembre 2007

Sobre Loyola en El Mundo


leer fuente original: El Mundo
17 de diciembre de 2006

«¿Dónde es el entierro?». El ex comisario europeo de Agricultura, Franz Fischler, andaba el jueves telefoneando para intentar acudir a la despedida de su antaño odiada y luego estimada Loyola. Se cumplen 10 años y medio desde que volviera irritado a Bruselas tras la encerrona que le había preparado en Córdoba y Jaén la ministra de Agricultura del PP.

Paseando entre olivos -ver la imagen-, Loyola le ofreció una bota de vino - «no se chupa, Franz»- y le mostró aceitunas que aún no estaban maduras para comer. «Yo lo sabía, pero quise morder una. Ella aprovechó la imagen como muestra de que el borrico de Fischler no tiene ni idea ni de vino ni de aceitunas», según el austriaco. Tras meses sin apenas hablarse, ambos políticos de raza terminaron entendiéndose. «Ya sabes Franz, era táctico para sacarte más toneladas de aceite». «Lo mío también Loyola, por eso te ofrecía tan pocas». Él también la llora.