

Loyola de Palacio no te olvidamos,homenaje en el Facebook -enlace-

Habíamos iniciado la etapa en el Espolón de Padrón, muy animado por ser día de mercado. Oímos misa en la iglesia de Santiago y desayunamos en el bar de la esquina. Almorzamos con José María Rivero de Aguilar en su pazo del Faramello.

Sevilla, 27 de diciembre de 2008
Joaquín Domínguez Pereira



No es que haya perdido del todo su impenitente sonrisa, pero se la ve preocupada e indignada. «Estoy hasta el gorro del lino, hasta el gorro de la demagogia de los socialistas». En un primer momento, duda si responder o no con dureza a estas acusaciones. Finalmente, opta por mostrarse moderada, para lo cual ha de hacer grandes esfuerzos de contención. Cree que con estas tonterías, al final en Bruselas se van a cabrear y pueden correr peligro las subvenciones de este cultivo.
Desde que fue elegida por Aznar para ocupar el número uno de la lista del PP al Parlamento Europeo, Loyola de Palacio no ha parado. En realidad, no ha parado durante toda su vida, pero ahora va a matacaballo. «Necesito pantalones, pero no tengo tiempo de ir de compras». Su hermana, Ana, que también va en la lista europea, quiere a toda costa modernizarla y le ha comprado un traje azul. «Es precioso, me lo pondré la noche electoral». Hoy, 17 de mayo, ha elegido adentrarse en territorio Bono. «Sé que es difícil ganar aquí, pero hay que intentarlo». Primera parada: Campo de Criptana, el pueblo de Sara Montiel. Cueva típica «La Martina», rodeada de molinos de viento. Comida con dirigentes locales y cooperativistas.
Loyola decide olvidarse de su pretensión de adelgazar de aquí a las elecciones. «Prueba estas gachas, están riquísimas». Ella advierte a los comensales de que deben cambiar la variedad de uvas que cultivan y les explica cómo se las gastan en Bruselas: «O andas muy listo, o te quitan la cartera, muy amigos, muy amigos, pero la burra en la linde».
Y el lino, otra vez. «Bono y los socialistas, con tal de dejarme a mí tuerta, son capaces de dejar a todo el mundo ciego». «A todo cerdo le llega su San Martín», responde alguien mientras van cayendo botellas de vino Macabeo. Un admirador se lamenta: «Aquí siempre hemos tenido ministros de Agricultura tontos, para una vez que nos sale lista se tiene que ir». «No me voy a la Luna», contesta ella. Con palabras parecidas se bromea en el PP. «Loyo, ya sabes, no hay mejor forma de salir del Gobierno que haciéndolo bien», le dijo el otro día un compañero de partido.
De Puerto Lápice a Pedro Muñoz, también con alcalde socialista. De charla con agricultores a visita a un colegio de educación especial. En el partido lo han creído conveniente para demostrar que la sensibilidad social no es sólo cosa del omnipresente José Bono. Los dirigentes populares castellano-manchegos se sienten inermes ante el presidente socialista de la Junta. No saben cómo vencerle. A Domingo Triguero, celebridad regional del PP, se le ocurre una forma: «La única que le ha plantado cara como se merece es Loyola, si se presentara aquí, ganaría de calle».
Entre fábrica y fábrica, apenas le da tiempo a peinarse. Todos quieren que se pase por su empresa. Sin parar un segundo, cierra el día con un mitin en Alcázar de San Juan, otro feudo del PSOE. La asistencia es discreta. Ya de vuelta a Madrid, a las doce de la noche, La candidata oye en la radio que Marcelino Oreja ha renunciado y ella será la futura comisaria. No dice nada, sólo sonríe. «Espero que nos toque una comisaría con competencias importantes, como Dios manda».

Como decía al empezar y de acuerdo a lo que hemos escuchado en la primera lectura del libro de los Macabeos “es una costumbre piadosa y santa rezar por los que han muerto”. Es lo que habéis querido hacer esta tarde los amigos y compañeros de Loyola de Palacio y por eso estamos aquí.
En las noticias de TVE, el día del entierro de Loyola, aparecía en imagen su hermana Ana y decía que había muerto una gran mujer, una buena española y una buena europea. Son algunas de las cosas que se pueden decir de Loyola. Ella se ha marchado discretamente, como discreto fue su hacer también en su profesión: la política.
Los compañeros de partido habéis querido celebrar este funeral por el eterno descanso de su alma. Después de nuestra jornada de trabajo os habéis querido reunir aquí en esta Iglesia, para rezar por ella. Lo hacemos en esta oración que la Iglesia de todos los tiempos y lugares eleva a Dios en los momentos de pena y dolor por la despedida a una persona buena y querida que ha partido de entre nosotros. Cuando alguien nuestro se muere, los cristianos nos reunimos en la Iglesia para recordar la Muerte y Resurrección de Jesús, triunfador del Pecado y de la Muerte para siempre.
La vida humana muchas veces está llena de contradicciones. De hechos absurdos. La misma muerte es uno de ellos.
Y sin embargo San Francisco de Asís, haciendo un hermoso canto a Dios creador, dice: “Te alabamos, Señor, por nuestra hermana la Muerte, compañera de viaje de todo viviente“. ¿Se puede alabar a Dios por la muerte?. Si queréis es como el evangelio que acabamos de escuchar. Hemos oido que decía: Dichosos los pobres, Dichosos los que lloran, Dichosos los perseguidos… Es un lenguaje extraño porque los humanos en general creemos que la felicidad es algo muy distinto. Solemos repetir mucho la frase: “la felicidad no es el dinero, pero ayuda mucho“, y es feliz el que no tiene ninguna preocupación… Dicho como lo acabamos de escuchar en el Evangelio, así, parece el mundo al revés… Como alabar a Dios por la “hermana muerte”.
Por eso con mis palabras, ante la muerte de vuestra compañera y amiga Loyola, os quisiera ayudar a creer que, a pesar de lo absurdo de la muerte, es en ella donde los seres humanos comienzan el camino hacia la felicidad.
Y por eso, en esta tarde y desde la fe que animó la vida de Loyola de Palcio, os quisiera decir: A PESAR DE LA MUERTE, CANTEMOS A LA VIDA.
Sí, cantemos a la vida, porque hay motivos para hacerlo. El dolor y la misma enfermedad es un motivo para ello. A nadie nos gusta estar enfermos ni tener a nuestros familiares o amigos enfermos, pero a la larga, es para nosotros una experiencia que nos hace ser pobres en el sentido que hemos escuchado en las Bienaventuranzas. Porque nos hace dar todo lo que tenemos. Nos hace palpar qué quiere decir ser persona. Nos hace ver que el ser humano no será nunca dueño de la vida. Porque la vida es Dios y estamos en sus manos. Esto cuesta aceptarlo. Pero es la clave del secreto. Es entonces cuando se entiende que se diga: “Te alabamos, Señor, por la hermana muerte“.
Yo no creo en un Dios mágico, que cura a nuestros enfermos apenas se lo pedimos. Pero sí creo en Jesucristo, que nos predica a un Dios que no ha pasado de largo ante el dolor humano, sino que se acerca a él. Y se acerca tanto, con su Hijo Jesús, que él también murió de una manera injusta.
Por esta razón, ahora cantamos a la vida. Y podemos decir gracias, Señor, por todos los beneficios que has dado en esta vida a nuestra hermana y a través de ella a los que la rodeaban. Gracias por su lucha, trabajo y contribución para hacer una España mejor, gracias por su ilusión por construir una Europa de futuro. Gracias… por su discreción, como dije al principio.
Cierto, los que la veíamos de lejos, entendimos que era una mujer que no iba de estrella. La discreción creo que es una virtud que define su vida y su acción. Así ha sido también su muerte. Se ha ido muy calladamente.
Y junto a la discreción la eficacia. Creo que es un buen ejemplo para los que os dedicais a la política. Necesitamos menos políticos estrellas y figuras que aspiran sobre todo a mantener sus cotas de popularidad y más personas discretas y eficaces que trabajen por el bien de los ciudadanos.
Nosotros, ahora, damos gracias a Dios por su vida y oramos por ella. Confiamos que Dios la tenga en su Reino. Que esta esperanza nos ayude a seguir adelante con confianza.
P. José Magaña
Coordinador de la Pastoral de Lengua Española en Bélgica

Loyola de Palacio no te olvidamos España Liberal - El recuerdo imborrable de Loyola permanece en toda su gente que cada día la echa de menos... No es fácil escribir sobre alguien tan grande como política, ... |

No nos cansaremos de publicar este artículo porque nadie mejor que una hermana para saber todo de otra hermana y sentir su ausencia:
Han pasado dos años desde que estás en el Cielo, porque sólo puedes estar ahí y de alguna manera sigues con todos los que te quisimos y te queremos como siempre.
Tu familia y tus amigos te echamos de menos cada día, nuestras vidas han ido cambiando pero todos seguimos echándote de menos como el primer día.
Hoy es un día triste para todos los que te queremos, te has ido muy pronto y cuando más falta nos hacías a todos y no hablo de la política, hablo de tu familia y tus amigos por no decir también de una España que contigo tendría un rumbo seguro.
Besos de todos los tuyos, Loyola

Sin permitir que nadie le tuviera compasión, convencida hasta el último suspiro de que aún le quedaba mucha guerra que dar en los próximos años. Loyola de Palacio vivió y murió como lo que fue: una mujer valiente e intrépida. De haber nacido en otra época, Loyola habría sido aventurera o exploradora. A pesar de que llevaba la enfermedad en los genes, ella nunca se dio por aludida. Sufrió y temió por su hermana hasta que Ana venció al cáncer, pero por ella misma nunca tuvo miedo, aunque su madre murió muy joven de la misma enfermedad.
Siempre se sintió una mujer profundamente vasca, aunque nació en Madrid, y las mujeres vascas no flaquean. Ni siquiera cuando se notan, como ella, una tos de origen desconocido y fuertes dolores en la espalda, como le sucedió este verano mientras practicaba el submarinismo.
Loyola de Palacio del Valle-Lersundi nació en Madrid el 16 de septiembre de 1950 en el seno de una familia de origen aristocrático. Fue la mayor de siete hermanos, tres chicos y cuatro chicas, que siempre han sido una piña, a pesar de vivir desperdigados por medio mundo. Recibió una esmerada educación en el Liceo Francés, aunque la muerte la golpeó temprano. Cuando tenía 21 años le dijeron que su madre se iba a morir de cáncer de pulmón.
Y dos días después de cumplir 22, se convirtió ella misma en la madre de todos sus hermanos, al fallecer Luisa del Valle-Lersundi. "Alguien tenía que torear y me tocó a mí", recordaba años más tarde.
Loyola sentía una especial adoración por su padre. Un retrato de Luis María de Palacio, un hombre joven y atractivo, preside el comedor familiar de su casa de Madrid. Ella solía decir que tal vez nunca se casó porque no pudo encontrar un hombre como su padre. Y si tampoco nunca sintió la necesidad de tener hijos no fue solamente porque vivía casi como una aventurera, de avión en avión, de Madrid a Marquina o de Galicia a Nueva York. También fue porque sus hijos fueron sus hermanos desde la muerte de su madre. Años más tarde, los Palacio se quedaron también huérfanos de padre, y ello les unió si cabe aún más.
Primera presidenta de Nuevas Generaciones La fiebre de la política prendió pronto en la licenciada en Derecho por la Universidad de Madrid. De la mano de Manuel Fraga, que siempre fue su segundo padre, se convirtió en la primera presidenta de Nuevas Generaciones de Alianza Popular, nombre que ella misma le puso a la organización juvenil del partido de la derecha española.
Aunque su verdadera carrera política comenzó cuando fue elegida senadora por Segovia en 1986. De Fraga aprendió a dedicar 24 horas sobre 24 a la actividad política. Ella, como él, era capaz de recorrer un recinto ferial en cuestión de minutos, mientras sus colaboradores apenas podían seguir su ritmo. "Dejar de fumar y correr un poco más". Loyola siempre fue una mujer de costumbres sanas, deportista, amante del desayuno con pan y aceite de oliva.
Como senadora por Segovia asumió el cargo con todas las consecuencias, algo que fue una constante en todos los sitios por donde pasó. Se compró una casa para vivir allí, igual que muchos años después se compró otra en Bruselas para vivir al lado del trabajo. Vivía los cargos a toda pastilla, igual que conducía su coche rojo a toda pastilla por las carreteras de la sierra y más de una vez tuvo algún disgusto por ello.
En el Senado revolucionó al grupo parlamentario y en las elecciones del 89 cambió de Cámara y fue elegida diputada. Muy bien relacionada con los jóvenes cachorros de AP, que en el año 90 se convirtieron en los principales colaboradores de José María Aznar cuando fue elegido presidente del PP, Loyola fue desde el principio una dirigente de confianza del nuevo líder.
Aunque su corazón político siempre latió al mismo ritmo que el de su gran amigo Rodrigo Rato. De la mano de quien era entonces el portavoz del Grupo Popular, Loyola se consolidó políticamente como una batalladora parlamentaria de primera clase contra el Gobierno de Felipe González. Si ella hubiera tenido que elegir un momento especialmente feliz de su carrera política, se habría quedado con aquella tenaz e implacable oposición que llevó a Alfonso Guerra a calificarla como la "monja alférez". La imagen nunca hizo justicia a esta mujer. Naturalmente que era una persona católica, pero nunca perteneció al Opus, como se dijo.
"¿Cómo voy a ser del Opus si me llamo Loyola?". Y sus colaboradores, que los tuvo no sólo de derechas sino también de otras tendencias políticas, puedan dar fe que también fue siempre una persona profundamente respetuosa con la vida de los demás. De hecho en su numerosa familia hay de todo y por su orden. Ella misma tenía una tendencia a la aventura que no se podía ver a través de sus clásicos trajes de chaqueta y de sus zapatos para andar cómoda.
Aunque cuando pasó al primer plano de la política, tanto sus hermanas como sus amigas le recomendaron cuidar eso que se llama 'look', Loyola despreció esas banalidades hasta el último día de su vida. Iba a la peluquería cuando no le quedaba más remedio y prácticamente nunca se maquillaba si no era por necesidades del guión.
Revolución en Agricultura Tampoco se callaba nunca y además hablaba muy claro. Demasiado para el gusto de algunos de sus jefes políticos. Cuando el PP ganó las elecciones del 96, Aznar la nombró ministra de Agricultura y con ella llegó la revolución al Ministerio. Los dirigentes de las organizaciones agrarias esperaban a una mujer dura y facha, intratable, pero pronto se dieron cuenta de que la imagen no se correspondía con la realidad. Desde el Ministerio, defendió a capa y espada los intereses del aceite de oliva español batallando con el comisario Fischler, quien expresó su admiración por ella. Desde que el aceite de oliva les unió, nunca olvidó mandarle un ramo de flores por su cumpleaños. Se las tuvo tiesas asimismo con los italianos.
El aceite de oliva italiano, decía, es lo más parecido a lubricar motores de automóviles, pero qué bien lo venden los condenados. Los sacan a la venta en esos preciosos envases transparentes para que veamos una ramita de lo que sea en su interior. Y va la gente y pica. Como ministra, Loyola se encargó de que toda Europa conociera las virtudes del aceite de oliva español.
En 1999, debido a su exitosa gestión al frente de la cartera de Agricultura, Aznar decidió presentarla como cabeza de lista del PP a las elecciones europeas, lo que a ella le hizo poca gracia, aunque aceptó disciplinadamente. La lista que encabezaba ganó las elecciones y entonces comenzó su carrera política europea, que la llevó al Consejo como vicepresidenta y comisaria de Transportes y Energía. También en Bruselas alucinaron con su vitalidad y su capacidad para presentar proyectos e ideas sin parar.
Los miembros de la comisión son testigos de la pasión con la que defendía sus posiciones. Pedro Solbes, su compañero de fatigas en esa época, puede dar testimonio de que Loyola llevaba todos los días a la mesa de la comisión su máxima política y personal: "La única batalla que no se gana es la que no se da".
Tal y como dijo Ana Pastor tras su muerte, Loyola de Palacio fue la mujer política española que llegó a un puesto más alto en las instituciones europeas. Varias publicaciones internacionales la incluyeron repetidamente en las listas de las mujeres más influyentes del mundo. En 2004 acabó su mandato y también el tiempo glorioso del PP en el poder.
'Sabes que no eras mi candidato': Loyola de Palacio siempre fue una mujer de partido. Nunca quiso desvincularse de la dirección, ni de las vicisitudes del PP, que seguía atentamente desde Bruselas. Durante la larga y espinosa carrera por la sucesión de José María Aznar, EL MUNDO la incluyó en la encuesta del Hipódromo que periódicamente se publicaba en estas páginas. Sinceramente, y no como otros, ella reconocía que le hacía ilusión figurar en esa lista. También a diferencia de muchos de sus compañeros de partido, decía lo que pensaba en voz alta, cosa que no la beneficiaba de cara al aparato del PP.
Por atreverse, se atrevió a lo que nadie. En la primera reunión del Comité Ejecutivo del partido tras la designación de Rajoy como líder, Loyola le dijo. "Sabes que no eras mi candidato, pero a partir de hoy me pongo a tus órdenes". La situación interna del PP tras la derrota del 14-M preocupaba a Loyola en sus últimos meses de vida. Por decirlo claramente, ni ella ni sus muchos amigos comprendían por qué la nueva dirección había prescindido de su experiencia.
Suele pasar en España que cuando alguien se muere, sólo se exaltan sus virtudes. Loyola también tenía defectos. Era terca como la que más. Pero ante todo era amiga de sus amigos y, sobre todo era una buena persona. Se ha ido tan rápido como se iba de las ferias y de los mítines, andando deprisa con pasos largos.
Seguramente, allá donde vaya seguirá andando igual de deprisa. Sus amigos la seguirán un poco más despacio y la acompañarán hasta el panteón familiar donde están enterrados sus padres cerca de la casa de Marquina, el lugar donde fue más feliz. Fiel a su máxima, libró también esta última batalla contra el cáncer, aunque no la ganó. En cinco meses apenas le dio tiempo a combatir. Descansa en paz, Loyola.
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